Cáceres & Virviescas

Capítulo 04 / Seis — Reparar

El daño se mide, la indemnización se repara.

Cuando un daño ocurre, lo que sigue no es resignarse: es cuantificar, reclamar y obtener lo que corresponde. Asesoramos en la prevención del daño y representamos al cliente, judicial y extrajudicialmente, hasta que la reparación sea íntegra. Frente a la aseguradora, equilibramos la balanza.

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Toda póliza promete protección; pocas la entregan sin que alguien la exija. Entre el siniestro y la indemnización hay un trecho de cláusulas, plazos y objeciones que el cliente no debería recorrer solo. Nuestro trabajo es convertir el derecho a ser reparado en una compensación efectiva, completa y a tiempo.

Cómo intervenimos

  1. 01

    Prevención del daño

    Anticipamos los riesgos y blindamos al cliente antes de que el perjuicio se materialice.

  2. 02

    Reclamación ante aseguradoras

    Presentamos y sustentamos reclamaciones de todo tipo de seguro para obtener la compensación que corresponde.

  3. 03

    Representación judicial

    Llevamos la controversia a estrados cuando la vía directa no basta, con la prueba del daño en la mano.

  4. 04

    Defensa en el proceso

    Protegemos los derechos del cliente en cada etapa del procedimiento, sin ceder terreno.

La póliza paga lo que se reclama bien, no lo que se firmó con buena fe.

Materias que cubrimos

Cuando el incumplimiento de un contrato le causa un daño que se puede cuantificar —una pérdida económica, un sobrecosto, un negocio frustrado— reclamamos esa indemnización con el perjuicio debidamente probado y sustentado.

No todo daño nace de un contrato: un accidente de tránsito, una negligencia médica o un perjuicio por una actividad peligrosa también dan derecho a una indemnización. La representamos para que ese daño se repare, sin importar que nunca haya firmado nada con el responsable.

Tiene una póliza, ocurrió el siniestro, y ahora hay que cobrarla. Presentamos y sustentamos la reclamación ante la aseguradora —vida, todo riesgo, responsabilidad civil, cumplimiento— con el siniestro debidamente probado, para que el pago llegue completo y a tiempo.

Cuando la aseguradora objeta el pago de un siniestro —o simplemente se demora sin explicación clara— revisamos si esa objeción tiene fundamento real. Casi siempre no lo tiene, y la controvertimos para que el pago no se dilate ni se niegue sin razón.

Reclamar bien empieza por saber cuánto vale el daño. Determinamos con precisión lo que perdió (daño emergente), lo que dejó de ganar (lucro cesante) y el perjuicio moral cuando aplica, para presentar una reclamación sólida y no quedarse corto en lo que le corresponde.

Siempre intentamos primero la vía directa: hablar con la aseguradora o con el responsable del daño para llegar a un acuerdo justo, que suele ser más rápido. Solo litigamos cuando esa vía se agota sin resultado y no queda otra alternativa.

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